27 junio 2014

Las Grandes Vueltas, historia viva del ciclismo

Por Asier Bilbao

Ottavio Bottecchia coronando el Tourmalet en el Tour 1924
Salvo honrosas excepciones, la mayoría de los medios de comunicación están más interesados en las noticias que venden ejemplares y aumentan los ratings que a la verdad y la causa real de los hechos en sí misma. Esto no es nada nuevo. Ya a comienzos del siglo pasado en Francia, décadas antes de que Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst (el famoso “Ciudadano Kane” de Orson Welles), creadores del periodismo sensacionalista, cayeran en cuenta de esta “gran verdad”, Geo Lefevre, un redactor del periódico L’Auto (actualmente L’Equipe), ideó y le propuso a su director, Henry Desgranges, la celebración de una carrera ciclista que uniera las principales ciudades francesas; con la única intención de generar noticias y expectación que consiguieran aumentar las ventas de su periódico y superar al diario rival Le Velo. A aquella carrera se la llamó Tour de Francia, se disputó por primera vez el año 1903 y fue la primera prueba ciclista por etapas. Allí comenzó la historia de las Grandes Vueltas.

También llamadas vueltas de tres semanas, Grandes Vueltas es la denominación que reciben las tres pruebas por etapas más importantes del ciclismo en ruta. Mencionadas por orden de aparición son: el Tour de Francia, el Giro de Italia y la Vuelta a España. Todas incluyen en su trazado, en número variable, etapas llanas, de media y alta montaña y contrarrelojes individuales. Otra prueba frecuente es la contrarreloj por equipos.

Para destacar en estas carreras, aparte de inteligencia, técnica, un gran equipo que arrope a los distintos líderes y suerte, es imprescindible poseer un gran fondo físico y capacidad de recuperación de los esfuerzos de cara a superar con éxito las dificultades de las fracciones siguientes. Señal inequívoca de la dureza extrema de las Grandes Vueltas es que a lo largo de la historia solo han sido cinco los ciclistas que han logrado vencer en la clasificación general final de las tres: Jacques Anquetil (5-2-1), Felice Gimondi (1-3-1), Eddy Merckx (5-5-1), Bernard Hinault (5-3-2) y Alberto Contador (2-1-2).

Tour de France: la Grande Boucle
El vencedor del Tour debe dominar las cronos individuales
Tras el estreno de la vuelta al país galo, esta fue creciendo en importancia y expectación año tras año, hasta pasar a ser el tercer acontecimiento deportivo más importante del mundo tras los Juegos Olímpicos y los Campeonatos Mundiales de Futbol, que con diferencia al Tour se disputan cada 4 años.

Se corre siempre en el mes de julio y es la prueba ciclista más importante y prestigiosa de la temporada; la más esperada por la gran mayoría de los aficionados al ciclismo porque casi siempre acuden a disputarla los mejores corredores del firmamento ciclista. Tras la 1ª Guerra Mundial estrenó una de sus señas de identidad: el maillot amarillo que distingue al líder de la clasificación general. El resto de maillots fueron introducidos más tarde, con el maillot verde de la regularidad y el blanco con puntos rojos de la montaña estrenándose en 1953 y 1975 respectivamente.

Otra de las señas de identidad de la prueba han sido una serie de grandes puertos de paso que por su dureza (sin rampas exageradas pero largos y con mucho desnivel) y habitual presencia en carrera han sido claves en muchas ediciones, convirtiéndose en míticos. En ese sentido destacan Aubisque, Tourmalet, Peyresourde, Mont Ventoux, La Bonette, Izoard, Galibier, Glandon, Croix de Fer, Madeleine, Iseran y Joux Plane, que junto a llegadas en alto como el Puy de Dôme, Alpe d´Huez, La Plagne, Superbagneres o Luz Ardiden son historia viva del ciclismo mundial.

Otra característica habitual ha sido la gran cantidad de kilómetros contra el reloj, con largas cronos individuales y por equipos. Esto, unido a la dureza de la montaña, hacía que para alcanzar la victoria los corredores tuvieran que ser muy completos, subiendo bien y a la vez siendo grandes rodadores. O siendo muy superiores al resto de rivales en alguno de estos aspectos. Sin embargo en los últimos años se ha producido un claro descenso en el número y longitud de las cronos.

Durante mucho tiempo la estructura del recorrido fue similar año tras año, provocado por las características orográficas del país galo. Hasta hace poco era habitual empezar con un prólogo CRI, seguido por una primera semana de etapas llanas (hasta los 80 con alguna jornada de pavé) e incluyendo una crono por equipos y otra individual, para a continuación afrontar el primer bloque de alta montaña, alternándose en cada año Alpes o Pirineos, seguido por varias etapas de enlace entre cordilleras antes de encarar el segundo bloque montañoso, y las fracciones de aproximación a París, con una CRI larga el anteúltimo día. Eran recorridos muy duros pero equilibrados, que daban oportunidades a que destacaran corredores de diferentes características y donde para acabar en los primeros puestos había que ser un ciclista muy completo, capaz de brillar en todos los terrenos.

Sin embargo en las últimas ediciones se han producido algunos cambios respecto a lo tradicional. El Tour está reduciendo la dureza y los kilómetros totales, con menos etapas llanas en la primera semana y más media montaña, con la reducción de kilómetros contra el crono y una menor exigencia en la alta montaña; no habiendo ya auténticas etapas reinas ni ninguna fracción realmente propicia para fondistas. Unos recorridos en el que parece que los organizadores buscan que su prueba sea imprevisible y difícil de controlar, incluyendo etapas tipo clásica, pero donde se echa de menos la presencia de otra CRI y de una gran etapa de alta montaña.

El record de victorias en la general lo comparten Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Induráin, con 5 triunfos cada uno. Los pódiums colombianos han sido dos: el tercer puesto de Fabio Parra en 1988 y el segundo puesto de Nairo Quintana el año pasado.

Giro d’Italia: la Corsa Rosa
La alta montaña alpina y los tiffosi nunca faltan en el Giro
Se disputa en el mes de mayo y la primera edición data del lejano año de 1909. Aunque hoy día cueste creerlo, hasta finales de los 70 el Giro tenía tanta grandeza e importancia como el Tour de Francia. Así lo atestiguan los grandes campeones que año tras año acudían a disputar la carrera transalpina con toda la intención de sumar a sus palmareses una victoria de tanto prestigio.

Tratando de revivir los míticos duelos entre Fausto Coppi y Gino Bartali que tanta gloria habían dado al ciclismo italiano, el diario La Gazzetta dello Sport, organizador del Giro, optó por programar unos recorridos muy suavizados a finales de los años 70 con la intención de favorecer a sus dos corredores más mediáticos del momento: Francesco Moser y Giuseppe Saronni. Con tal de ver a sus dos grandes ídolos en lo más alto y vender más periódicos, el dualismo Moser-Saronni provocó un cambio radical en el diseño de los recorridos del Giro a partir de 1979. Se entró en el periodo más triste del Giro, que duró hasta 1986, último año en que Saronni y Moser alcanzaron un podio de la corsa rosa. Como los dos eran mediocres escaladores se comenzaron a programar menos puertos de montaña; en bastantes ocasiones muy alejados de meta o ascendidos por sus vertientes menos exigentes o hasta en finales en alto recortados, con las metas a mitad de subida. Había muchas cronos individuales planas para favorecer a Moser y generosas bonificaciones en meta (30, 20 y 10 segundos a los tres primeros) que favorecían a un gran embalador como Saronni. Esto hacía que estos dos corredores acumularan minutos en la general con el mínimo esfuerzo. Y de esta manera lograron vencer en 3 ediciones del Giro a principios de los 80.

Hasta que con el ocaso de sus dos estrellas mediáticas se cambio esa tendencia que no hacía más que acumular vergüenza y desprestigio para la carrera transalpina; aumentando a partir de 1987 la dureza de la alta montaña año a año, hasta convertirse hoy día en la principal seña de identidad del Giro. Así, junto a las etapas ratoneras por carreteras y pueblos estrechos, volvieron a cobrar protagonismo e importancia en el recorrido los míticos passos de largo kilometraje y gran altitud: Stelvio, Gavia, Mortirolo, Marmolada, Pordoi, Giau, Tres Cimas de Lavaredo, Monte Grappa, Monte Bondone, San Marco, Gran Sasso, y en las últimas ediciones el Monte Zoncolán y Finestre.

El Giro es hoy día la Gran Vuelta con los recorridos más exigentes y espectaculares, descompensados claramente a favor de ciclistas escaladores, llevándolos al extremo algunos años. Las dificultades se programan en progresión, con casi toda la alta montaña concentrada en la última semana de la prueba. Esto puede eventualmente llegar a atraer a más espectadores, pero hace que se resienta la participación de otros grandes corredores no-escaladores-puros que no encuentran terreno propicio donde desplegar sus facultades. Y podría traer de nuevo el desprestigio para la segunda Gran Vuelta en importancia.

El record de victorias lo comparten el trío formado por los legendarios Alfredo Binda, Fausto Coppi y Eddy Merckx, con 5 Giros ganados cada uno de ellos. La única vez que un colombiano pisó el cajón más alto del pódium fue este año, con la brillante victoria final de Nairo Quintana. Destacan también con luz propia los dos subcampeonatos obtenidos por Rigoberto Urán en las dos últimas ediciones.

Vuelta a España: la ronda ibérica
Las rampas extremas se volvieron habituales en La Vuelta
Es la más joven de las vueltas de tres semanas, pues la 1ª edición de la prueba se corrió el año 1935. Tradicionalmente se disputaba entre la última semana de abril y las dos primeras semanas de mayo; hasta que en 1995 fue cambiada en el calendario ciclista y ubicada en septiembre para poder lograr unas participaciones aceptables.

A nivel de recorridos, la Vuelta a España ha sido históricamente la menos exigente de las Grandes Vueltas. Algo lógico, debido a que hasta finales de los años 70 la red de carreteras españolas estaba en parecidas condiciones a la actual malla vial colombiana y muchos grandes puertos no estaban aún pavimentados. Esta falta de dureza, unida a una peor participación por parte de grandes ciclistas, hace que sea considerada la menos prestigiosa de las tres vueltas largas por etapas. Aunque hoy día no existen motivos objetivos por los cuales la Vuelta no pueda tener recorridos igual de exigentes que el Tour o el Giro, y la participación supere en cantidad y calidad a la del Giro, la ronda ibérica aun se encuentra por debajo de la corsa transalpina en el corazón de los aficionados debido a sus recorridos suavizados.

Podemos afirmar que los recorridos actuales de la Vuelta son “visionarios del ciclismo moderno”, muy desequilibrados a favor de los escaladores explosivos. Las etapas son de kilometrajes reducidos, predecibles y fáciles de controlar por los equipos. Destaca la escasez de fracciones cronometradas individuales, siendo estas cada vez más cortas; problema compartido con las otras dos Grandes Vueltas. La media montaña suele tener su protagonismo algunas ediciones; pero en la alta montaña predomina el modelo de las llegadas en alto en etapas “unipuerto” o con malos encadenados previos, diseñadas para que todo se decida en los kilómetros finales, al acabar casi siempre en la subida más dura del día. En los últimos años resulta exagerado el abuso de los finales en alto o en repecho, la mayoría muy duros y con rampas extremas. Algunos de los altos más conocidos e importantes a lo largo de la historia de la Vuelta son Angliru, Lagos de Covadonga, Pajares, Orduña, Cerler, Bonaigua, Rasos de Peguera, Navacerrada, Serranillos y Sierra Nevada. Últimamente la organización está incluyendo nuevos puertos como La Bola del Mundo, Cuitu Negru,  Ancares y La Camperona.

El record de victorias lo comparten el suizo Tony Rominger y el español Roberto Heras, con 3 ediciones cada uno. El triunfo más recordado de la historia del ciclismo colombiano se dio en la Vuelta de 1987, con la victoria final de Lucho Herrera, imponiendose a leyendas como Fignon, Delgado y Kelly. En 1989 Fabio Parra tuvo contra las cuerdas a Perico Delgado, pero finalmente solo pudo ser segundo, acompañado en el tercer cajón del pódium por Oscar Vargas. Pacho Rodríguez también fue tercero en 1985.

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