30 octubre 2013

Ciclismo épico vs Ciclismo moderno

Por Asier Bilbao

Pantani en el Galibier, en la última etapa épica del Tour, hace ya 15 años
El ciclismo de competición en ruta tiene muchos más alicientes que ver a unos tipos encima de unas bicicletas dando pedales. Es mucho más que el despliegue de las cualidades físicas de unos atletas. La técnica, la estrategia o táctica, la fortaleza sicológica, la inteligencia y la valentía deberían ser tan o más importantes que los vatios/kg desarrollados que tan de moda están ahora. Por lo menos lo eran hasta hace pocos años. Facultades físicas, sicología, técnica, táctica, inteligencia, valentía y suerte. Todos estos factores juntos son los que hacían del ciclismo en ruta un deporte diferente y muchísimo más apasionante que otra clase de carreras competitivas como pueden ser el atletismo o la natación.

Todo es cuestión de gustos
Todos tenemos nuestros gustos personales en prácticamente todas las facetas de la vida. El ciclismo no es una excepción. La gran verdad es que a la mayoría de la gente el ciclismo le aburre y no le para bolas sino hasta que aparece un compatriota abriendo los noticieros. Pero aún quedamos algunos locos a los que nos apasiona. A unos les gustan los escaladores, a otros los clasicómanos, a otros los croners, a otros los embaladores, a otros los de su país... A unos les llaman la atención las grandes clásicas de un día, a otros las etapas que finalizan en alto, a otros las que finalizan en muro de grandes rampas, a otros las de alta montaña con muchos puertos, o las etapas nerviosas que esconden trampas y emboscadas, las de viento lateral, las que tienen pavés o adoquinado, las que discurren por tramos de carreteras destapadas o sterrato, los descensos técnicos, etc.

Simoni en el colle di Sampeyre, Giro 2003
A los buenos aficionados nos gustan todo tipo de escenarios, mientras puedan dar lugar a buenas batallas por lograr la victoria. Y nos gustan todo tipo de corredores, siempre que se muestren valientes, inteligentes y/o combativos. Los ciclistas que no se rinden ante las adversidades, los inconformistas que salen a ganar y no solo a hacer un buen puesto. Que no se queden quietos en el lote, esperando a ver qué sucede. Que ellos mismos sean los que buscan “que las cosas sucedan”. Los corredores completos que dominen un amplio abanico de facetas ciclistas donde aplicar la táctica y la técnica: descensos, carreteras estrechas, pavés, abanicos, etc. Los ciclistas que tienen visión de carrera y saben “leer” en el momento lo que sucede, que saben anticiparse a los acontecimientos, saben sorprender o saben elegir el momento oportuno para lanzar sus ataques.

Hoy en día apenas quedan corredores que cumplan algunos de estos requisitos en el lote internacional. Ahora al parecer solo importa el tiempo de duración que puedan mantenerse moviendo los vatios máximos prefijados anteriormente en las pruebas físicas y que les van marcando sus potenciómetros. Y que obedecezcan sin rechistar las ordenes que les van indicando desde los carros de sus equipos a través de los pinganillos o radio-transmisores, cual robots dentro de un videojuego manejado por los directores deportivos.

Nos aburre este ciclismo. Los ciclistas actuales que ganan únicamente porque sus cualidades físicas son las mejores, que solo destacan en las cronos o los finales en alto, que desprecian todas las demás facetas y terrenos del ciclismo. Porque matan el espectáculo de lo que consideramos autentico ciclismo: el de ataques desde lejos de meta, de estrategia y táctica, de corredores valientes e inteligentes que arriesgan para ganar, sin miedo a perder.

Ciclismo épico: el auténtico ciclismo
Van der Velde bajo una tormenta de nieve en el Passo di Gavia, Giro 88
El ciclismo en ruta tiene un componente que difícilmente se puede dar en otra clase de competencias y que fue lo que hizo grande a este deporte: la épica. En el ciclismo no hay goles, ni canastas, ni puntajes, ni marcas, ni records. Solo hechos. Los grandes duelos entre los ases se desarrollan, no en terrenos de juego delimitados o recintos cerrados, sino en majestuosos escenarios naturales. Si a esto sumamos las variables condiciones climatológicas a las que se tienen que enfrentar los ciclistas, como lluvia, viento, sol inclemente, nieve... no es extraño que hasta hace pocos años las pruebas ciclistas en carretera fueran vistas como una especie de aventura con toques heroico-románticos, donde prácticamente todas las carreras se convertían en campos de batalla donde se desarrollaban luchas despiadadas en busca de la victoria.

Un ciclismo que desgraciadamente ahora solo vemos muy esporádicamente. Buen ejemplo de ello son las crónicas periodísticas de la etapa del Galibier del Tour 2011, o de la etapa de Fuente Dé en la Vuelta a España 2012, donde se hablaba de “ciclismo de antaño” y “ciclismo de otras épocas” para referirse a lo acontecido en esas etapas.

Los ataques de Quintana en el Ventoux y Alpe d’Huez, de Nibali en el Angliru, o Urán en Montasio estuvieron muy bien. Pero no tienen nada que ver con la épica. Antes se atacaba prácticamente todos los días, por parte de muchísimos corredores. Unos días atacaban unos y al siguiente recibían la réplica de otros, con ataques, defensa y contra-ataques constantes. Sin miedos. La mayoría de las veces desde muchísimos kilómetros de distancia a meta. No importaba si la etapa era plana y de 250 kilómetros, o si era de alta montaña y quedaban 3, 4 o 5 puertazos hasta meta. Los vuelcos en la general individual eran muy habituales. Lo que convertía el seguimiento de las carreras en una bendita locura, día sí y día también.

Hasta los años 90 estos momentos de emoción duraban horas y horas de carrera por fracción, porque se atacaba lejísimos de meta en casi todas las etapas. Siempre podía saltar la sorpresa, no importaba en que terrenos: plano, descensos, puertos cortos o largos, etc. Unas veces salían bien, otras no. Pero esos ataques tienen gran parte de la culpa de la leyenda y la mitología de este deporte. Los avituallamientos por ejemplo eran zonas de alto riesgo; tenían tanto peligro como el Tourmalet, el Gavia o La Línea. Algo impensable hoy en día.

Épica en el Giro 2010: Evans y Vinokourov luchando en el sterrato
Este Ciclismo Total es el que nos gusta y apasiona. Un ciclismo auténtico que no hemos podido disfrutar en el Tour de Francia más que en etapas sueltas en los últimos 20 años. En el Giro de Italia son más comunes esas etapas locas de lucha despiadada. Nos viene a la memoria la inolvidable y ya mítica del sterrato de Montalcino, la etapa más emocionante de los últimos 10 años en las Grandes Vueltas.

Ahora para poder ver ciclismo auténtico debemos acudir internet y buscar en youtube o páginas especializadas de videos de ciclismo esas etapas o clásicas legendarias. O esperar a las grandes clásicas del norte de Europa de marzo y abril, el último reducto de lo que consideramos ciclismo y ciclistas de verdad; donde todos los años se pueden presenciar luchas encarnizadas en pruebas donde solo se vale cruzar de primero la meta y llegar segundo aún se vive como una derrota.

Ciclismo moderno o ciclismo-control: un sucedáneo soporífero
Hoy los ciclistas ya no son vistos como héroes por el gran público. El ciclismo que nos toca padecer hoy en día ya apenas engancha nuevos aficionados. No atrae más audiencias que las de unos pocos incondicionales de este deporte. La culpa de ello es la falta de épica en las carreras.

Una sola es la esencia y el mal del ciclismo moderno: el conformismo. Conformismo buscado y solicitado por corredores y sobre todo directores deportivos. Buscan que nada pase en las carreras solo por su propia comodidad. Para no tener que pensar. Para no tener que arriesgar. Por eso piden a los organizadores que las etapas sean cada vez más cortas: para que puedan ejercer más fácil el control del lote. Y se quejan y protestan airadamente si ven que hay muchas dificultades que les puedan complicar la vida. Este ciclismo-control, solicitado por los directores deportivos y ciclistas, propiciado por los organizadores de carreras, y aceptado por el gran público que no ha conocido otro ciclismo diferente (o al que realmente no le interesa este deporte), es el que está matando el espectáculo del ciclismo auténtico.

El Tour sufrió la tiranía del Us-Postal durante el reinado de Armstrong
Es indudable que los escándalos del doping ha hecho un daño terrible a la imagen del ciclismo. Pero hay que reconocer que las carreras de hoy son cada vez más aburridas. Y las figuras del ciclismo actual cada vez son más conservadoras y conformistas. Pues esto es precisamente lo que está pasando. Es desesperante la supuesta “emoción” de esperar durante horas frente a la pantalla de TV o del computador a las últimas rampas o los kilómetros finales para ver quién ataca y es el más fuerte. Hay que ser muy fanáticos de este deporte para perder nuestro valioso tiempo viendo a un lote completo pedaleando, sabiendo que no va a pasar nada, da lo mismo en plano que en ascenso, controlando en todo momento a los posibles escapados que tienen pocas probabilidades de llegar (a no ser que la escapada sea consentida), para que se la jueguen los capos en los últimos 10 o 5 minutos de etapa. Y muchas veces ni esto.

A este “nuevo ciclismo” se le llama con toda la razón ciclismo-youtube, porque lo mejor de cada etapa entra en unos pocos minutos de video. Ahora el disfrute se centra en los movimientos en los últimos kilómetros de etapa (cuando los hay). No alcanzan en ningún momento la media hora de lucha por fracción. Y los periodistas tienen la poca vergüenza de engañarnos con sus palabras. Atacar a 2, 3 o 4 kilómetros de meta lo llaman “ciclismo épico”. Atacar bajo la pancarta del último kilometro es “de ciclistas valientes”. Esto es un insulto a la esencia de un deporte que siempre despertó admiración y reconocimiento.

Los ciclistas colombianos casi nunca han destacado por ser buenos descendedores ni rodadores. Por esto a los aficionados colombianos les gusta el ciclismo que se está imponiendo ahora en Europa de muchas llegadas en alto, con grandes rampas donde los livianos “escarabajos” pueden destacar y ganar. Estas etapas con finales en puertos o muros de grandes porcentajes de desnivel (bautizado acertadamente como Wall-bike, un deporte diferente que viene a sustituir al ciclismo de toda la vida) seguro son muy emocionantes. Pero “matan” el resto de la etapa. No importa que recorrido previo se ponga. Porque todos los corredores importantes y los equipos punteros adoptan como única táctica esperar a los metros finales de esas rampas por miedo a gastar sus fuerzas antes. Toda la estrategia de carrera, por parte de todos los equipos, se reduce a las únicas órdenes de “controlar, guardar fuerzas, aguantar y esperar”. Y el que tenga fuerzas atacar solo al final para intentar sacar una ventaja de unos pocos segundos. El resto se limita a esforzarse para no perder tiempo.

Con este ciclismo-control ya no son necesarias ni las tácticas de ataque ni la técnica ni la valentía ni la inteligencia ni la búsqueda del factor sorpresa. Todos estos factores, importantísimos en el ciclismo de antaño, y que lo hacían más entretenido y variado, son desechados sistemáticamente por ciclistas y directores deportivos. Tal y como está organizado el ciclismo moderno, ahora prima más conseguir un buen puesto que arriesgar para conseguir las victorias. Los puntos UCI son básicos para la subsistencia de los equipos y para la cotización de los corredores. Y esto lleva inevitablemente al conservadurismo. Para atacar hay que arriesgar. Y ahora apenas quedan corredores cuyo miedo a perder sea menor que su deseo de vencer. A nadie le interesa exponerse al fracaso porque puede tener consecuencias negativas ante la renovación de los contratos.

Sestriere 1992: "el Diablo" Chiappucci entra en la leyenda del ciclismo
El ciclismo de antes y el de ahora tienen tan poco en común, ha cambiado tanto (sobre todo la mentalidad de los ciclistas y sus directores) que cada vez más, nos parece un deporte diferente al que vivimos hasta finales de los 90. Somos conscientes que no volveremos a ver en lo que nos resta de vida ninguna etapa parecida a las míticas de Val Louron 91 y Sestriere 92. Lideres solos lejísimos de meta, sin gregarios que les guarden las espaldas, atacando y defendiéndose constantemente en auténticas etapas de montaña de más de 220 kilómetros. Horas y horas pegados a las pantallas de TV disfrutando del auténtico espectáculo ciclista.

Definitivamente, ante la falta de épica actual, en el ciclismo profesional en ruta cualquier tiempo pasado fue mejor.

4 comentarios:

  1. De acuerdo con ese conservadurismo de hoy dia... sin embargo, no es misterio ni secreto que en esas epocas de ese ciclismo de ataques lejanos, fue tambien movido por los dopantes a diestra y siniestra, vendas en los ojos y mordazas en la boca... no será hoy día que es cierto que hya un ciclismo mas limpio y es mucho mas complejo atacar desde tan lejos, cuando el nivel fisico es parejo y lo unico que marca la diferencia es el talento nato de Nairos, Froomes y compañía?

    Puede ser la respuesta a esa necesidad de conservar energia en un entorno que ya no tiene backups de energia ilegales, no?

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    1. Luis Miguel Silva M.24/2/16 8:34

      Diego, buen día. Aún cuando existía el uso de sustancias prohibidas antaño su finalidad era diferente a las sustancias que se utilizaban actualmente: El doping clásico (anfetas y demás) era simplemente para que el corredor no sintiera tanta fatiga, no mejoraba el rendimiento (lo más cercano que se usaba en la época eran los esteroides, pero cayeron en desuso rápidamente por la tendencia a generar lesiones graves). El doping de los 90 para acá igualó el campo de juego e hizo que el ciclismo se volviera un deporte resultadista

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  2. Este es un gran blog pero este aporte es romanticismo ahístorico destilado (o con ayudas de destilados). El tal "ciclismo total" es una colcha de retazos que nunca existió ni nunca abrigo a nadie fuera de en los relatos periodísticos y a los fanáticos que de ellos subsistían. Que siempre se centran en una que otra etapa pero que caen por su propio peso al examinar sus supuestos exponentes. Anquetil era el menos "valiente" de los todos los ganadores del Tour ("nunca cruzó primero un premio de montaña en sus cinco victorias de Tour"); Induraín su grán sucesor; Merckx, en su época, hacia del Tour aburrido (lo abucheaban y hasta lo golpearon), solo gustaba en las clásicas; Hinault como los anteriores ganó la mayoría de sus etapas en pruebas contrareloj que destilaban clase pero no "épica", y a los que hoy en día nadie le tiene paciencia. Los reyes de la épica eran Gaul, Pantani, Poulidor o pues Lucho, que nunca tuvieron el mismo éxito, pues el ciclismo por su naturaleza recompensa al prudente. Los cronomen casi siempre superaron a aquellos "valientes", que muchas veces solo estaban desesperados por no perder, achacados por el tiempo que perdieron en esas CRIs de 100 km; y que cuando tuvieron éxito aprovecharon, más que la ausencia de cualquier otra tecnología, la ausencia de cuidado que se tenia entonces en la nutrición (y en la que todavía a veces algunos ciclistas recaen).

    El periodo de los "superhombres" de fines de los 80s, los 00s y en particular los 90s que no se cansaban fue el único breve respiro de la monotonía del metrónomo (aunque recordando que Indurain gano cinco tours sin una sola etapa en linea, y fue la gran estrella del periodo), de la predominancia de la sagacidad, la madurez táctica y el trabajo en equipo sobre la "fortaleza sicológica". Fueron épocas que disfrute, sin lugar a dudas. Pero que asimismo no extraño, personalmente.

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    1. Asier Bilbao22/3/17 21:30

      Este artículo se escribió desde el punto de vista de un espectador que no quiere aburrirse ni dormirse viendo ciclismo. Cosa que no me sucedía en décadas pasadas. Todo por la actitud tan distinta de los protagonistas en las pruebas ciclistas pasadas y actuales.

      El “ciclismo total” en las GV y en las vueltas menores por etapas, donde las batallas se podían desencadenar en cualquier lugar y momento, sí que existió. Lo pudimos vivir habitualmente hasta finales de los 80 y regularmente en los 90. Ahora son la excepción, como en la pasada Paris-Niza.

      Hablas de Anquetil, Merckx, Hinault e Induráin. Estos cuatro campeones, como bien dices, destilaban mucha clase. Pero no renegaban de la épica y destilaban valentía cuando era necesaria para vencer.

      Anquetil, aparte de ser el mejor croner de su época era muy inteligente y calculador. Y sin ser el mejor, era un muy buen escalador que no necesitaba gastar innecesarias energías en pasar de 1º por los puertos de montaña. Su única meta era ganar la clasificación general de las carreras que disputaba.

      Merckx era odiado en Francia porque no era francés y porque arrasaba sin compasión en los Tours que ganó. Y tiene en su historial una de las tres mayores exhibiciones en alta montaña de toda la historia del Tour: Luchon-Mourencx 1969 (las otras dos son la etapa Bayona-Luchon de 1924 de Ottavio Bottecchia y la Bourg d’Oisans-Sestriere de 1952 de Fausto Coppi). Aparte tiene actuaciones épicas en las montañas del Giro, como su victoria en las Tres Cimas de Lavaredo en 1968.

      Hinault también era un extraordinario contrarrelojista que tiene en su historial varias actuaciones épicas en montaña en Grandes Vueltas. Recuerdo la etapa del puerto de Orduña de la Vuelta 1978, la del Stelvio del Giro 1980, la de Serranillos de la Vuelta 1983, la de Avoriaz del Tour 1985 y sobre todo las etapas de Pau, Superbagneres y Alpe d’Huez en el Tour 1986. Por no hablar de la Lieja 1980 que ganó bajo una tormenta de nieve o el Mundial de ruta del mismo año en Sallanches.

      Induráin era una máquina perfecta de dar pedales. Al igual que Anquetil, aparte de ser el mejor contrarrelojista, era muy inteligente. El ciclista con mejor visión de carrera que he visto nunca. Su meta no era ganar etapas. Solo buscaba ganar Tours y Giros. Y lo logró. Aparte tiene varias actuaciones épicas en altísima montaña en Giro (Corvara 1993, Aprica 1994) y Tour (Val Louron 1991, Sestriere 1992, Serre-Chevallier 1993) que se recordarán durante muchos años.

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